Análisis en profundidad

¿Qué es el portafolio y para qué sirve? Claves para dar forma a tu marca personal

Carina Stinga
19 Abr 2021 · 7 min read

El portafolio, cuando trabajas en diseño y comunicación visual, es una herramienta que funciona como tu currículum. De hecho, depende donde quieras trabajar, lo primero que mirarán será tu portafolio, antes siquiera de saber tu nombre.

Es el caso de “agencia pone anuncio, recibe 500 solicitudes, que equivalen a 500 portafolios”. La persona encargada de digerir esa información va a juzgar tu valía para el puesto en los pocos minutos (o segundos) que dedique a mirar tu portafolio. El hecho de que reciba tanta oferta de candidatos/as hace que esta persona tenga poco tiempo para dedicarle a cada portafolio, lo que redunda en que hará más una vista de pájaro que un estudio exhaustivo, dejándose llevar por aquello que le resulta más atractivo. Esto nos lo explica Fede González, uno de los directores creativos de Tigrelab cuando le preguntamos esto mismo.

Aquí hay, por tanto, dos conceptos que necesitamos entender para seguir desglosando qué es el portafolio, para qué sirve y qué lugar ocupa en el universo de tu marca personal.

Océanos rojos y océanos azules

En esta definición tan visual de W. Chan Kim y Renée Mauborgne podemos entender que hay dos tipos de estrategias de negocio. 

Por un lado, están las estrategias de océanos rojos, que van a competir por precio y moverse en mercados saturados, donde es difícil diferenciarse a no ser que lo hagas bajando precios. Por otro lado, están las estrategias de océano azul. Aquí, desde la propia idea de negocio, buscas un proyecto diferenciador y de nicho para abrir nuevos mercados con menos competencia. Si eliges esta estrategia, tu marca se mueve en océanos amplios y azules, en vez de estar inmersos en océanos sangrientos y descarnados. 

Si te suena la analogía es porque muchas veces quienes trabajamos en diseño nos vemos inmersos en mercados hipercompetitivos en donde no encontramos la manera de diferenciar lo que hacemos del resto porque, efectivamente, no tiene verdadera diferencia. Competir por precio suele parecernos la única opción, así como buscar hacer nuevos cursos para aprender nuevas habilidades que, nos parece, tienen salida laboral y pide el mercado.

 

La híper oferta de profesionales

Según nos lo explica Mónica Mendoza, el mercado está saturado de profesionales. Una manera muy visual de entenderlo es darse cuenta de que hace solo treinta años la oferta de yogures era muy limitada (tres marcas y tres sabores). Sin embargo, ahora, si lo observas, el lineal de yogures es inabarcable. Y tú, como posible consumidor, tampoco los has probado todos, incluso, puede que ni siquiera conozcas todas las marcas y sabores disponibles. 

De hecho, ante tanta híper oferta tendemos a refugiarnos en las marcas conocidas y a comprar ese producto que nos gustó sin estar probando cosas nuevas todo el rato. El mercado me está ofreciendo, por tanto, mucho más de lo que tengo interés en consumir. Y yo, como consumidor, respondo aferrándome a algo conocido, ignorando mayormente las nuevas posibilidades a no ser que, efectivamente, los nuevos productos prometan algo mucho mejor que aquel que he escogido como preferido.

Estas nuevas realidades definen y le dan forma al mercado de profesionales. Porque aunque te cueste pensarlo así, en el fondo lo que ofreces es un producto en un mercado y las leyes que lo rigen son las mismas que las que rigen el mercado de yogures. 

Teniendo en cuenta esta realidad, vamos a desglosar la idea del portafolio para entender qué significa y qué fuerza tiene en tu estrategia de marca personal.

Los outputs, aquello que entregas

Solemos identificarnos con los entregables que surgen de nuestra práctica profesional y es entonces cuando empezamos a hablar de “hacemos webs”, “hacemos logos”, “hacemos…”, “hacemos…”, “hacemos…”

Esta forma de entender lo que ofreces, en realidad, es una forma limitante del valor de lo que aportas. Piensa que cuando un cliente compra una web, básicamente lo que está comprando es su identidad digital, sin la cual su proyecto no existiría. Si como profesional te identificas con los materiales que entregas, entonces estarás pasando por alto un elemento esencial de la práctica profesional, que es el valor intangible de lo que ofreces, quedándote solo con el aspecto tangible.

Para explicar este punto te cuento un ejemplo que me han enseñado en Barcelona Activa. Si se rompe tu tele y arreglarla implica cambiar un cable que cuesta cinco euros, ¿cuánto crees que te cobrará el técnico por arreglarla? No serán los cinco euros, sino el valor que tú estés dispuesto/a a pagar con tal de no tener que comprar una tele nueva.

Eso es el valor intangible, y de ese valor nos olvidamos cuando identificamos lo que ofrecemos con lo que entregamos. Cuando te ves únicamente por la ventana del portafolio sueles estar limitando el punto de vista a esos entregables. Esto implica que muchas veces eso frena nuestra forma de entender el progreso profesional a adquirir nuevas y más complejas destrezas técnicas.

Tu destreza técnica y artística

Un perfil de diseñador/a es un perfil que suele entenderse como un perfil técnico. Tanto a la hora de enfrentarse a originales para imprenta o a optimización web, lo cierto es que la profesión de diseño y comunicación visual requiere de muchos conocimientos técnicos que validarán tu perfil. Lo mismo pasa con la destreza artística y compositiva, ya que forma parte de tu servicio el cómo das respuesta visual a los retos que se te plantean.

Estas dos destrezas son aspectos que se enseñan en el Grado y que puedes adquirir en base a cursos y formaciones. La formación se enfoca, por tanto, a crear perfiles profesionales muy específicos y técnicos. Esta es la realidad con la que sales del Grado y con la que entras al mercado laboral. 

Simplemente piensas que, como profesional, eres esa destreza. Por eso le damos una importancia desmesurada al portafolio. Tendemos a creer que todo lo que somos es el portafolio y nos olvidamos de que detrás de nuestras habilidades técnicas y artísticas están nuestros intereses y motivaciones. Esos, precisamente, son los aspectos más personales que pueden darle a tu práctica profesional una verdadera distinción. 

Puedes verlo en este artículo que aborda cómo construir tu marca basándote en tus puntos de diferencia, porque la destreza técnica es un punto de paridad que te iguala al resto.    

Descubrir tus rasgos únicos es lo que te permitirá construir una marca diferente, que se interese por algo diferente y que hable de manera diferente. 

La limitación mental que supone entendernos como lo que ofrecemos

Del punto anterior se desprende un aspecto recurrente en la percepción que los profesionales del diseño tenemos de nosotros mismos y de lo que ofrecemos. Solemos creernos que todo lo que somos es lo que sabemos hacer y es por eso que hacemos del portafolio toda nuestra web, nuestra comunicación y nuestra ventana al mundo.
Si lo miras desde el lado exterior, quien se acerca a conocerte como profesional solo obtiene una faceta de ti. Esta faceta, muchas veces, es tan técnica y específica que ni siquiera pueden acabar de etiquetarla y situarla. Este caso aplica especialmente cuando trabajas por cuenta propia y tienes tus propios clientes. 

En la mayoría de los casos, tus clientes no pueden juzgar tu trabajo a nivel técnico o artístico, mientras que lo que necesitan de ti es asesoramiento, acompañamiento y que les des confianza como profesional. Lo que vendes, por tanto, es confianza y no webs. 

Es crucial entender esta diferencia, ya que muchas veces nos estamos enfocando en donde no toca y con ello ofrecemos una imagen de nosotros como profesionales que es limitada y que no nos diferencia del resto.

 

Trabajo por cuenta propia o por cuenta ajena

Esta última consideración es importante a la hora de entender la utilidad del portafolio en la construcción de la marca personal. Porque no es lo mismo trabajar para tus propios clientes (que necesitan acompañamiento) que estar buscando empleo en un sector en el que a un anuncio responden 500 candidatos/as y en donde lo que se busca es, efectivamente, habilidades técnicas.

El portafolio es tu ventana y tu apuesta fuerte en este segundo caso. Si lo que quieres hacer es trabajar por cuenta ajena, el portafolio es el sitio idóneo en donde exponer tus destrezas técnicas y artísticas. En estos casos, la personalización viene dada por la página About us, donde te presentas de una manera más cercana, siempre sabiendo que solo llegarán a esta página una vez les hayan resultado convincentes tus habilidades.

El tema es que el mercado está cambiando y los profesionales del diseño nos estamos convirtiendo, cada vez más, en emprendedores y emprendedoras creativos. Es ahí donde el concepto de portafolio como ventana que enseña mi faceta profesional y técnica se queda corto. 

La sensación de “me falta un curso más”

Este último punto sirve un poco de colofón a toda esta exposición de qué es el portafolio y qué papel juega en la construcción de tu marca personal. 

El portafolio equivale a la forma en que te ves, te explicas y te vendes como profesional como hemos ido explicando a lo largo de este artículo. Esto determina la forma en que entiendes lo que ofreces y la forma en que percibes el valor de lo que aportas. 

Literalmente, si tu valor queda reflejado por lo que sabes hacer, entonces siempre necesitas saber hacer cosas nuevas y aprender nuevas habilidades. 
Puede que te suene esta forma de pensar que es muy habitual en este tipo de perfil profesional. Si lo observas, siempre nos estamos formando y siempre nos estamos actualizando, puede que más que en ninguna otra profesión. Eso explica, en parte, el éxito de Domestika con sus cursos a 12,99 euros.

Sin embargo, esta forma de actuar desata un hábito mental que es el de estar siempre haciendo un nuevo curso y el de creernos que está allí fuera el secreto de nuestro éxito profesional

Ahora tendréis que perdonarme porque me pondré un poco budista, pero el secreto de tu éxito no está nunca fuera, sino dentro. Y ese éxito no reside en una nueva habilidad, sino en sacarle partido a lo que ya tienes y hacer de ti un profesional relevante, notorio y potente basándote en tus propios rasgos personales, en tus motivaciones y en tus intereses. 

 

 

 

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