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¿Cómo han evolucionado las identidades visuales de Correos?

27/10/20
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Los servicios de mensajería y paquetería han jugado un importante rol en la interconexión entre ideas, personas y lugares. Hoy analizamos algunas de las identidades de correos de diferentes países con una mirada global. Encontrando elementos visuales en común y diferencias entre ellos. 

Los orígenes, la cornamusa y el amarillo

Habrás notado que la mayoría de logotipos de correos se parecen entre ellos. Tienen un extraño símbolo que recuerda a una corneta. Pues bien, de corneta nada, es una cornamusa y tiene una curiosa historia. Todo se inicia a principios del siglo XVI con la familia de los Tasso, creadores del primer servicio postal de Europa.

Esta familia tan singular, tenía el color amarillo en su heráldica que se ha usado para correos postales en infinitud de ocasiones. Como sabréis, muchos de los logotipos que tenemos actualmente derivan de escudos de heráldicos: es el caso de Alfa Romeo o de la mayoría de clubes de fútbol. 

A medida que los correos se fueron institucionalizando, nació una figura que recorría las calles de las ciudades para avisar a las gentes de su llegada. Esta figura hacía sonar una cornamusa característica, que ha pasado a poblar el imaginario de muchas de las identidades de correos a lo largo y ancho del planeta.

Fieles al origen de correos y su simbología

Algunas de las identidades de correos más notorias, han respetado estos dos atributos fundacionales: la cornamusa y el amarillo. Es el caso de Correos España, cuyo último rediseño analizamos en Brandemia y que partía de un logotipo de Cruz Novillo, el caso Deutsche Post, con una versión simplificada y con relleno del isotipo, que genera desequilibrios entre la parte izquierda y la derecha o el caso de correos de Luxemburgo, que adopta un amarillo más chillón junto con una cornamusa con corona.

Abrazar un concepto más amplio que correos

Uno de los retos de muchos de los sectores que analizamos es el de trascender su silo operacional para extender su actividad sin comprometer su elasticidad de marca. Este reto, que se ha hecho presente en el sector financiero o el de las telecomunicaciones, no es ajeno a las marcas de correos, que han visto como competidores globales de mensajería como MRW, UPS o Fedex tensionan su categoría. 

Ejemplos de este movimiento los configuran Swiss Post, Poste Italiane o La Poste (el correo francés) que presenta el color amarillo desde 1960 y un símbolo creado por Guy Georget en que representa un pájaro postal.

El caso de Correo Argentino, ¿evolución o involución?

Al paraguas de estas transformaciones, nace la identidad de Correos lanzada a mediados de julio de 2020. Un rediseño que recupera la cornamusa inicial que tenía en 1970 y que dota a la marca de un elemento gráfico identificable que le permite adaptarse a contextos digitales como un favicon de redes sociales o en reducciones en los que el logotipo completo no pueda emplearse, además de una tipografía más amable y digital en caja baja, que humaniza la relación con sus públicos.

La cronología de Correo Argentina es curiosa. Si bien en cerca de 40 años han sufrido 3 rediseños, en los últimos en los últimos 6 ha realizado otros 3 resideños. Al margen del número de rediseños, no apreciamos una línea gráfica definida en los últimos. Así como el de 2014, presenta una vía evolucionada de los del 1997 y 2003, la versión de 2017 y 2020, son totalmente diferentes entre ellas, solo teniendo en común las gamas de color amarillo y azul que evolucionan con un mayor contraste.

A pesar de que la identidad de 2017 es muy mejorable desde el ámbito gráfico y que carecía de un signo visual que genera reconocimiento, cabe la duda de si una entidad estatal puede permitirse cambios de identidad cada tan pocos años y justificarlo ante la ciudadanía. A pesar de que el nuevo cromatismo aporta un aspecto más digital y actualizado a la marca y el contraste con el azul funciona mejor, sería interesante conocer cómo se ha realizado la implementación para valorar la convivencia de identidades.

Capítulo a parte para la justificación de la identidad, que se realizó a través de un vídeo que explica los orígenes del imagotipo en el sol, la cornamusa, la escarapela nacional y el byte. Ninguno de estos elementos está presente, salvo la cornamusa. Tampoco existe una relación evidente entre los colores y la geografía del país. Una pena que el ejercicio de racionalización del diseño, empañe una identidad que supone una evolución y paso adelante respecto a sus anteriores versiones.