Publicado el 25/08/2026 · 3 min read
Instagram lleva más de quince años formando parte de nuestra cultura visual. Lo que empezó como un espacio para compartir fotografías se ha convertido en una de las plataformas culturales más influyentes del mundo, donde conviven creadores, comunidades, negocios y todo tipo de interacciones. Durante ese tiempo ha cambiado nuestra manera de crear y comunicarnos, e Instagram ha evolucionado con ella. Sin embargo, había una pieza de su identidad que permanecía prácticamente intacta: su wordmark.
Ahora Instagram, junto al estudio Koto, ha decidido actualizarlo para darle un papel mucho mayor dentro de la marca. Y el proyecto plantea una pregunta especialmente interesante en branding: ¿cómo evolucionas un activo reconocido por miles de millones de personas sin desprenderte de todo el valor que ha acumulado durante años?

El anterior wordmark había acompañado a Instagram durante más de una década y conservaba una enorme carga de reconocimiento. Pero mientras el ecosistema de marca seguía creciendo, surgió una tensión: el glyph de Instagram se había convertido en un activo omnipresente, mientras que las posibilidades de uso del wordmark eran más limitadas.
La nueva realidad exigía mucho más de él. Tenía que funcionar en campañas de marketing, experiencias de producto, ecosistemas de creadores y momentos culturales, además de poder extenderse a nuevas aplicaciones como Instants y Edits. El reto era preparar una pieza histórica de Instagram para desempeñar un nuevo papel dentro de un sistema mucho más amplio.

El wordmark de Instagram aparece miles de millones de veces cada día y tiene un enorme peso cultural y emocional. En una marca con semejante nivel de reconocimiento, cualquier modificación importa, pero cambiar demasiado puede hacer desaparecer precisamente aquello que la ha hecho reconocible.
Por eso, antes de plantear el futuro, el equipo estudió el pasado. El wordmark original estaba muy ligado a la primera época de las aplicaciones móviles y utilizaba gestos particulares y características artesanales para transmitir personalidad y nostalgia. Había sobrevivido a numerosos cambios tecnológicos, culturales y visuales, y esa longevidad se convirtió en una pista importante para abordar su evolución.
Instagram y Koto exploraron cientos de variaciones, estudiando formas manuscritas, gestos caligráficos y esas pequeñas imperfecciones que hacen que una expresión se perciba como humana. Curvas y conexiones fueron revisadas una a una en un proceso que buscaba responder a una cuestión muy concreta: cuánto podía cambiar el wordmark y seguir siendo recordado.
El reconocimiento acumulado por Instagram también les permitió tomarse ciertas libertades de forma muy medida. Koto señala, por ejemplo, el trabajo realizado sobre la “r” simplificada de la ligadura “gr”, refinada para recordar al script original y, al mismo tiempo, construir un nuevo gesto reconocible para la marca. No se trataba únicamente de optimizar formas: la identidad debía seguir sintiéndose creada con intención y personalidad.
Desde Brandemia, este proyecto nos deja una reflexión especialmente valiosa. Cuando una marca lleva años construyendo reconocimiento, su identidad contiene mucho más que decisiones gráficas. Hay gestos que se han convertido en memoria, asociaciones que las personas ya hacen de manera automática y elementos cuyo valor solo se entiende cuando imaginamos qué ocurriría si desaparecieran.
Por eso nos interesa el trabajo de Koto: el punto de partida no parece ser cuánto podían transformar Instagram, sino qué debía seguir sintiéndose familiar mientras la marca avanzaba. Porque evolucionar una identidad no siempre exige romper con lo anterior. También puede significar entender qué merece acompañarte en la siguiente etapa.

Un proyecto como el de Instagram demuestra hasta qué punto una decisión de marca necesita investigación detrás. Antes de decidir qué tocar, hay que entender qué tienes entre manos, qué valor ha construido y qué papel necesita desempeñar en el futuro. Es ahí donde el research deja de ser una fase previa y empieza a convertirse en una herramienta para decidir mejor.
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