Publicado el 11/06/2013 - Actualizado al 12/02/2025 · 3 min read
El proyecto sobre el que escribo hoy, como veréis, es minimalista y sencillo; me atrevería a decir que incluso es austero, sin embargo, las polémicas en las que se ha visto inmerso dan mucho que hablar y ponen sobre la mesa una de las reflexiones más recurrentes en el mundo del branding y el diseño editorial.
Se trata del rediseño de marca del Rijksmuseum, guinda de la remodelación del edificio y de la renovación del concepto del centro.

Este museo fue fundado en 1800, pero no fue hasta casi un siglo después que se trasladó a su actual ubicación en Amsterdam. Fue construido por el arquitecto holandés Pierre Cuypers, quien combinó elementos góticos y renacentistas, y ocupa un destacado lugar en la Museumplein (Plaza de los museos), cerca del Museo van Gogh y el Museo Stedelijk.

Desde 2003 y hasta su reapertura el abril pasado, el museo ha sufrido profundas obras de restauración y renovación bajo la dirección del estudio de arquitectos españoles, Cruz y Ortiz (https://www.cruzyortiz.com/) y el trabajo de interiorismo de Jean-Michel Wilmotte (https://www.wilmotte.com/). Han actualizado un espacio del siglo XIX (contenedor de obras de artistas como Rembrandt, Vermeer y Hals), que quería reinventarse y estar en sintonía con el siglo XXI, deslumbrando como siempre con la colección de arte que alberga pero desarrollando programas educativos y eventos vanguardistas.

Por supuesto, estas reformas venían acompañadas de un rediseño más contemporáneo de la marca, creada por el estudio Dumbar (https://studiodumbar.com/) sobre la década de los 80. El proyecto de nueva identidad se le encargó a Irma Boom (https://www.irmaboom.nl/), cuya premisa fue darle un aspecto internacional a un centro de arte de carácter nacional con un diseño claro, potente y sencillo, que ubicase el museo en el presente.

Tanto la marca como el look & feel son extremadamente minimalistas, incluye una nueva paleta de color basada en los colores principales de su colección de arte y una la tipografía desarrollada concretamente para este proyecto con el mismo nombre “Rijksmuseum”, diseñada por Paul van der Laan de la fundición Bold Monday (https://www.boldmonday.com/en/rijksmuseum/).

Más allá de resultado estético, el conflicto saltó de inmediato por temas mucho más teóricos. Boom se había permito dos licencias que no fueron muy bien recibidas a nivel popular.
Lo primero que he querido hacer antes de seguir con el análisis ha sido informarme sobre los puntos conflictivos gramaticales y ortográficos que de forma tan escandalosa han envuelto y perseguido a esta marca:
El dígrafo
Efectivamente (y contenta de haberme formado en el tema) un rasgo característico de la ortografía neerlandesa, que la diferencia de la de otras lenguas germánicas, es el empleo del dígrafo “ij” para representar el diptongo [ɛɪ]. En neerlandés, el dígrafo “ij” está considerado una sola letra (es decir, una grafía que representa un sonido específico), lo que incluso se refleja en el hecho de que posee una tecla aparte teclados de ordenador. Esta solución tan “fonológica” habría sido igualmente válida en el caso del español para acabar con la polémica acerca de la ordenación alfabética de las consonantes ch y ll, que representan también un único sonido.
Boom rescata este rasgo holandés para incluirlo en la nueva marca, dándole sabor nacional a lo que, si no, resultaría un tanto aséptico. Hasta aquí bien. Pero las críticas denunciaban que en lugar de Rijks, se leía Rusk.
La separación
El hecho de que Boom haya separado la palabra en dos, ha sido la causa principal del revuelo, ya que la construcción actual de la palabra completa es sin espacio. Cierto es que el editor de Van Dale se manifestó en su defensa diciendo que, a pesar de que ella quizá no lo supiera, la correcta construcción al estilo antiguo del nombre era Rijks Museum, separado. A lo que Irma argumentó: “No estoy cambiando la palabra ni estoy cambiando el lenguaje. Solamente estoy haciendo un logo”.

Recogiendo las palabras de mi amiga y colega Sara Martinez (que me disculpe) hago eco de la pregunta que lanzó tras hablar del mismo tema: ¿Es aceptable sacrificar una construcción gramatical o la legibilidad en pro del diseño?. Esa es la reflexión a la que me refería al principio. Os dejo con el debate.


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