Publicado el 01/07/2014 - Actualizado al 16/04/2024 · 1 min read
Creo que a determinados niveles, con la responsabilidad que da un amplio reconocimiento público, hay licencias que no deberían tomarse ni con la mejor de las excusas. Cuanto más grande, más recursos (de tipo material, capital humano, etc) y mayor nivel de exposición, que obligan a cuidar hasta el mínimo paso que se da.
Advent es una compañía americana que se dedica a la creación de software de gestión para negocios. Con el avance de la red, la empresa ha decidido unificar todos sus servicios y hacerlos accesibles en una plataforma online que permitirá eliminar fronteras con los usuarios, los sistemas y la información.
Este cambio de estrategia se completa con un rediseño de la identidad.

La responsable de este cambio es la multinacional de branding Landor que comenzó a trabajar con el equipo de gestión de Advent para aclarar y unificar el posicionamiento de la marca que se había oscurecido estos años por la proliferación de submarcas.
El nuevo posicionamiento refleja la estrategia de negocio futuro de Advent para construir una vida, un ecosistema, basado en la nube, manteniendo la precisión que caracteriza a la empresa desde su creación.

La identidad está en constante movimiento, habla de la idea de una arquitectura visionaria que se adapta, muta y se transforma, haciendo el software invisible y centrándose en los resultados que los clientes pueden conseguir a través de él.
Este movimiento se proyecta a través de una sucesión de líneas concéntricas irregulares que dibujan letras y de alguna manera las amplifican. Así se construye el símbolo principal, una A mayúscula.

El logotipo que acompaña al símbolo se construye con una tipo de palo seco y aristas suavizadas, la misma tipografía que surge en la contraforma de las líneas comentadas.
Durante toda la escenografía de la identidad se repite el juego de las líneas hasta el aburrimiento, generando composiciones exageradas que ocupan casi la totalidad de la superficie.

El resultado formalmente resulta más antiguo que el rodapié de las cuevas de Altamira y no proyecta las cualidades del producto ni toda la filosofía en torno a él.
Para rematar, Landor no ha tenido el mínimo reparo en copiarse a sí misma una fórmula gráfica muy peculiar que ya utilizó en otro proyecto (Australian Youth Orchestra), dando lugar a una solución tan parecida que no admite indulgencia.
A pesar de que se acepta que está casi todo inventado y aplicado, y que siempre le sacaremos un parecido al último proyecto que veamos, aunque sea un parecido intuido, como el que se le saca a los recién nacidos, hay casos como este, palmarios, donde la similitud resulta una desfachatez.









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