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Anton & Irene es uno de los estudios de diseño de los que todo el mundo habla en Nueva York. De Spotify a Red Bull, han conseguido una identidad propia con combinaciones geométricas, colores vivos y tipografías que exploran el lado más creativo de la imaginación desde el minimalismo. Si aún no los conoces, estás de suerte: Participarán el próximo 23 y 24 de octubre en una nueva edición 100% online del Blanc!, el festival de creatividad, diseño e innovación.
Irene Pereyra creció en Ámsterdam rodeada del diseño modernista, un factor que proyecta en múltiples ocasiones en sus proyectos y experiencias de marca. Por su parte, Anton Repponen tiene fuertes influencias arquitectónicas, hecho que le lleva a plantear los diseños de forma estructural y humanística. Una combinación ganadora que juega con lenguajes visuales, resolución de problemas y experiencias de usuario a través del diseño.
Su charla en Blanc! será el sábado 24 de octubre a las 17:50h. Mientras los esperas, acompáñanos en esta entrevista a Irene para ir calentando motores. ¡Empecemos!

I.P: Creo que el momento donde empezó todo fue cuando tenía 15 años y estaba ayudando al padre de mi amigo, que era fotógrafo. En su estudio comencé a jugar con el Photoshop y me enamoré de todo lo que le rodeaba. No sólo el trabajo en sí, sino también el humor que encuentras al trabajar en un estudio, ir a las reuniones con los clientes, resolver pequeños problemas creativos… Todo parecía algo que hacía que el trabajo fuera divertido y diferente cada día. Al mismo tiempo, era el comienzo de la era de Internet, así que aproveché para tantear el mundo del código y poner cosas muy básicas en línea. Esos dos sucesos fueron los que realmente me interesaron y decidí estudiar diseño gráfico y formarme más en serio.
Cuando terminé la universidad empecé a trabajar en una pequeña, exitosa y conocida agencia digital que fue una lección de aprendizaje increíblemente importante. Era como un campamento de entrenamiento, muy duro pero gratificante. Todas las personas que trabajaban allí eran muy talentosas y me expusieron a situaciones que hacen que un proyecto sea un éxito y que, en realidad, tienen muy poco que ver con el diseño.

I.P: Anton y yo trabajamos juntos durante 7 años hasta que finalmente decidimos abrir nuestro propio estudio en 2013. En ese momento, Anton y yo ya habíamos sido directores creativos durante mucho tiempo, y no estábamos muy felices porque gran parte de nuestro tiempo se ocupaba por reuniones y la gestión de diseño de los proyectos. En la mayoría de las estructuras de las agencias tiendes a ser promovido lejos de la cosa en la que eres realmente bueno, así que estábamos haciendo cada vez menos diseño y más management. Cuando cumplimos 30 años, nos dimos cuenta de que era entonces o nunca. Teníamos que empezar nuestro propio estudio y dirigir las cosas como queríamos que fueran… O bien estar cada vez más insatisfechos con nuestro trabajo por Dios sabe cuánto tiempo más. Por suerte, optamos por la primera opción. Y desde entonces todo fue rodado.


I.P: Sí, podría estar un poco relacionada con mi educación en los Países Bajos, ya que allí ese estilo es el más frecuente del diseño. No soy religiosa, pero crecí en una sociedad muy calvinista donde la expresión ornamental se consideraba llamativa. Con el tiempo, me di cuenta de que los diseños muy sobrecargados me aburrían. Por eso, no puedo evitar pensar que sí que hubo cierta influencia, y fue algo religiosa, que me hace equiparar de alguna manera la saturación de elementos con el catolicismo, con razón o sin ella.
También me encanta el minimalismo ¡en todas sus formas! Por ejemplo, mi arte favorito es el minimalismo americano de principios de los 70 de Saul Bass, Donald Judd y James Turrell. Creo que respondo a ese tipo de arte porque siento que es más difícil crear algo muy hermoso con muy pocos elementos, así que tiendo a respetarlo más que las expresiones de diseño más kitsch.



I.P: Es una respuesta muy amplia, pero si tuviera que resumirla en una sola idea sería básicamente asegurarnos de que nuestra visión se ejecute sin que el cliente comprometa el proyecto. En ocasiones, dejar que se aporte mucho por parte del cliente hace que se pierda la esencia del diseño.
I.P: Lo único que no es negociable es nuestro proceso. Si un cliente quiere que trabajemos fuera de plazo o que nos saltemos ciertos pasos en el proyecto, no asumimos el trabajo porque los resultados serán probablemente desastrosos. Además, somos muy flexibles y solemos experimentar con herramientas nuevas, gente diferente y métodos innovadores. Siempre nos aseguramos de estar un poco incómodos durante cualquier proyecto. Sentirte al borde de la incomodidad es el punto exacto donde sucede la magia.

I.P: Empatía, Inclusión, Eco-centrismo.
I.P: No soy Nostradamus, pero personalmente espero que empecemos a alejarnos de esta perspectiva de diseño “centrada en el usuario”, donde todas las decisiones sólo se sopesan frente a lo que es mejor para él. Creo en una perspectiva de diseño más “ecocéntrica”, donde sopesemos las decisiones frente a lo que es mejor para el usuario, pero también el medio ambiente y el planeta. Nosotros como diseñadores no entendemos completamente cuánto contribuimos a todos los problemas ecológicos del mundo, y es hora de que asumamos nuestra responsabilidad.

I.P: Fácil: todas las marcas que se han deshecho de sus imágenes racistas este año debido a la presión social. Por nombrar a tres, serían Aunt Jemima, Uncle Ben’s y los Washington Redskins.
I.P: Para ser honesta, no estoy interesada en rediseñar marcas. Sin embargo, me encantaría trabajar en proyectos de infraestructura de diseño más grandes. En Barcelona, por ejemplo. He estado viviendo allí este último año y la situación de las basuras y los desechos urbanos es realmente desconcertante. Sería genial ver todo el sistema de recolección y eliminación de residuos de principio a fin y hacerlo mucho mejor, tanto para la gente que vive en Barcelona como para el medio ambiente.
I.P: El último libro que me ha gustado mucho es “Humankind” de Rutger Bregman. Considero que es una perspectiva muy optimista de la naturaleza humana, algo con lo que estoy muy de acuerdo, y también algo muy necesario en estos tiempos extraños.
I.P: Recientemente he estado escuchando “Who Dat” de Emmit Fenn casi sin parar. El video musical también es increíble.
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