Publicado el 21/11/2016 - Actualizado al 23/01/2024 · 2 min read
Que no se malinterprete mi titular: el nuevo logo del Gobierno de Cantabria es muy bueno. Es un trabajo exquisito. Pero precisamente esto es una malísima noticia para todos los diseñadores gráficos de este país, porque puede legitimar ciertas prácticas que, en mi opinión, son inadmisibles; en este caso, el concurso público especulativo que se llevó a cabo para el rediseño de esta identidad corporativa.

Logo ganador del concurso
Un poco de contexto
Para el que no conozca la historia, el pasado mes de septiembre, el Gobierno de Cantabria lanzó un concurso en el que buscaban renovar la anticuada imagen del Ejecutivo de esta comunidad, creada en 1984.
Se trataba de un concurso público, abierto tanto a diseñadores como a no diseñadores, con un premio final de 3.000 euros y con un proceso de votaciones que involucraría a todos los ciudadanos cántabros (aunque la decisión final la tomaría el jurado).

Antes

Después
¿Por qué todo estaba mal desde el principio?
El concurso presentaba una serie de características muy poco éticas, muy típicas en nuestro país y en muchos otros, pero no por ello menos condenables.
Para empezar se trataba de un concurso dirigido a todo tipo de participantes, sin importar si se trataba de profesionales del diseño o no. Yo entiendo que diseñar un logo no es operar a corazón abierto, ni construir un edificio, pero estaría bien que los organismos públicos considerasen el diseño como una profesión, y le tuviesen cierto respeto, porque si no, no se entendería que se financiaran Universidades de Diseño Gráfico que, según dan a entender, no sirven para nada. Con este concurso se nos dice que cualquiera podría diseñar el logo de Cantabria. Solo hace falta tener buen gusto y una buena idea, y eso no se enseña en las universidades.

Algunas de las propuestas presentadas
En segundo lugar, se trata de un concurso abierto, es decir, sin ninguna preselección de participantes. Cualquiera podía participar, eso sí, sin ninguna remuneración. 0 euros por tu tiempo. 102 personas trabajaron gratis, seducidos por una sonora recompensa económica y por un mensaje falso que les hacía pensar que tenían una posibilidad de ganar. A la vista de los resultados (imagen superior), el Gobierno de Cantabria debería estar avergonzado, por haber permitido que muchas personas hayan invertido horas de su tiempo en un concurso en el que no tenían ninguna oportunidad, porque nunca debió estar dirigido a ellos.
Debemos entender que las motivaciones que llevan a este organismo a convocar un concurso público son del todo deshonestas. Se busca obtener publicidad gratuita, ofrecer una falsa imagen democrática, gastar poco dinero y obtener muchas más propuestas que las que conseguirían contratando a una agencia o convocando un concurso cerrado.

Presentación oficial del logo, junto al diseñador. Foto de Miguel López
¿Por qué un buen resultado es lo peor que podía haber pasado?
La buena calidad del resultado (y de algunas propuestas finalistas) es sin duda la peor noticia, porque demuestra que hay diseñadores a los que no les importa alimentar este tipo de procesos, y por tanto, estamos lejos de tener conciencia, como colectivo, del perjuicio que esto supone para la profesión.
El mismo ganador del concurso, el diseñador Rafa San Emeterio admitía en rueda de prensa: “No soy partidario de cómo se ha hecho esta convocatoria pero me lo he tomado como un proyecto personal”. Es como decir, estoy en contra, pero lo fomento.
Que el resultado sea bueno empeora la situación porque parece legitimar la idoneidad de este tipo de concursos. Y no debemos dejarnos engañar por este espejismo. Un buen resultado no justifica un mal proceso.
Me encanta el nuevo logo de Cantabria, pero me entristece su existencia, porque fomenta que la historia se repita y nos aleja, como sector, de ser debidamente respetados.









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