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Taco Bell cambia su logo 20 años después de su último rediseño.

25/11/16
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Repicando sus campanas, Taco Bell ha anunciado la renovación de su marca aprovechando la apertura, en Las Vegas, de su restaurante número 7 mil. No es peccata minuta: más de 42 millones de comensales son servidos semanalmente en sus instalaciones; tampoco lo es su ambicioso proyecto de convertirse en una marca valorada en 15 mil millones de dólares para 2022. Ahora bien, que todo lo anterior –por impresionante que pueda ser– avale que la marca haya sido construida sobre sólidos principios de nomenclatura y buen diseño, es una cosa bien distinta.

Empecemos con el nombre: Taco Bell. Aunque suena a primo hermano de Domino’s Pizza o de Burger King, proviene de Glen Bell, su fundador y principal propietario hasta 1978. 

Antes

Después

No es de extrañar que, desde esos inicios, su logotipo incluyera una campana acompañada de un poco evidente mexicanito escondido bajo un sarape y un sombrero revolucionario. Como dicen los publicistas: un perro-perro.

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Evolución de la marca

Los arcos eran un claro distintivo físico de los primeros restaurantes, así que fue natural integrarlo como envolvente de la marca en 1985, época en la que el sombrero desapareció y del sarape sólo quedó una sabia referencia en forma de franjas que también recordaba un rojo atardecer. Ese logotipo, a pesar de las modas y del poco rigor tipográfico, realmente expresaba la esencia de la marca: comida rápida Tex-Mex y punto.

No soy fan de su producto, lo confieso, debo ser parte de la población que ha rechazado en dos ocasiones la incursión de la cadena en México en 1991 y en 2007. Tampoco de la versión anterior de logotipo en tonos magentas, morados y amarillos, vigente un cuarto de siglo; siempre me pareció anodina, que hubiera podido funcionar perfectamente para otros negocios cambiando Taco Bell por Disco Bell, Hotel Bell o Taxi Bell.

  

Pero todo indica que la inauguración en Las Vegas de su cantina-restaurante ha revitalizado sus ganas de renovarse. También la necesidad de llegar a un mercado más joven, urbano y hip, así que empezaron por rediseñar la apariencia de los locales.

Dice su comunicado de prensa que los restaurantes de concepto urbano tienen “cinco cosas que los diferencian del estándar de Taco Bell: decoración, arte local, cocina abierta, menú personalizado y compartible”. No lo pongo en duda pero ¿acaso no es esa un tendencia mundial en la industria de los restaurantes? También han retocado su logo y lenguaje de marca con ayuda de Lippincott. El nuevo logo debiera reflejar la nueva estrategia, dicen. Y que “en esta versión, el color hace una entrada triunfal y permite la personalización a través de patrones y texturas, dando flexibilidad de uso, y manteniendo su icónico marco”. Es cierto que es mucho más simple pero, los usos texturados que hemos podido ver, no son necesariamente muy acertados. Asimismo, con frecuencia desaparece el arco del fondo aunque los extremos incompletos de la campana –justificados porque rebasan el contenedor– permanecen recortados generando una extraña sensación de mutilación.

La tipografía ha pasado a ser aún más anodina y no termina de resolver la complicada justificación en el formato vertical, aunque apunto que nunca será fácil de solucionar. Finalmente un par de detalles: ¿alguien me puede explicar por qué el fondo morado tiene dos tonos distintos? o ¿por qué tuvieron que redondear ligeramente sus esquinas inferiores? Ninguna de las dos decisiones me parece mínimamente razonable.

Dicen que la nueva imagen se resolverá primero en formatos digitales, seguidos, a lo largo de un periodo de tiempo, por los restaurantes y envases. Suena sensato pues estoy seguro que 7000 locales no se rehacen en un instante, y mucho me temo que, para cuando estén terminando esta titánica tarea e inversión, se les estará antojando un nuevo cambio de marca. A mí, por lo menos su oferta culinaria, estará lejos de atraerme. Tampoco la nueva marca pero, más de 2 mil millones de comensales al año, seguramente me demostrarán que estoy equivocado. Ellos son el verdadero aval de la marca y, por muchas teorías de diseño que esgrima, jamás lograría persuadirlos de abandonarla. ¡Que sigan resonando las campanas!

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