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Renuevan el logo de la Generalitat Valenciana después de 33 años

05/02/18
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Los diseñadores Dani Nebot y Nacho Lavernia, ambos premios nacionales de diseño, han sido los encargados de actualizar la imagen de la Generalitat Valenciana

El nuevo emblema se ha presentado esta misma semana y marca el inicio del año conmemorativo en el que la institución celebra su sexto centenario (1418-2018). El renovado distintivo llega más de 30 años después del que diseñaron los mismos autores, junto con el ya fallecido Paco Bascuñán, en el marco del legendario colectivo La Nave.

Antes

Después 

La propuesta de Nebot y Lavernia supone una simplificación formal del símbolo de 1985, que pasa de tener 22 elementos gráficos a solo 8, en un ejercicio de síntesis similar al que ya realizaron hace tres décadas.

El resultado conserva los mismos elementos heráldicos e históricos de la Comunitat –el escudo, el yelmo con su mantelete, la corona y el dragón– pero abandona el nivel de detalle del dibujo anterior para apostar por una mayor sencillez.

El proyecto se completa con un cambio sorprendente: la incorporación de una nueva tipografía basada en la fuente Neutraface de House Industries, que sustituye a la versión condensada de la Optima de Hermann Zapf que ideó el equipo de diseño en su momento.

El presidente valenciano ha explicado en la presentación que se trata de “una nueva imagen para un pueblo que sigue identificándose con su historia pero que es consciente de su proyección de futuro”. En la misma línea, los diseñadores decían de su trabajo que “había que adaptarlo a las sensibilidades del momento histórico”.

Este restyling llega en una legislatura marcada por la recuperación de la dignidad en la comunicación gráfica de los organismos públicos valencianos, como demuestran hechos como la actualización de los elementos visuales de los canales online de la Generalitat en 2016 o los buenos resultados que están dando las llamadas a proyecto profesionales para la adjudicación de encargos desde 2015 hasta hoy.

Evolución de los distintos elementos

Opinión

Aunque la marca anterior es un trabajo fantástico que ha funcionado muy bien durante más de 30 años, esta emblemática identidad había quedado un tanto desfasada a nivel estético e iba necesitando un buen lavado de cara. Además, la complejidad formal del imagotipo y la rigidez del rótulo planteaban algunos problemas de reproducción y composición que había que solucionar. Dos razones más que suficientes para justificar el encargo, y nadie parecía más adecuado para mejorar estos aspectos que los prestigiosos Lavernia y Nebot.

Es una lástima que por el camino se haya perdido gran parte de la expresividad y el carácter del logo original. De un emblema potente y vigoroso hemos pasado a uno blando, tímido e incluso infantil. Más limpio y sencillo, es cierto, pero también más flojo. ¿Qué ha pasado con ese dragón desafiante tan característico? El nuevo se ve raquítico, sin fuerza, como de juguete. Hay quien ha llegado a compararlo con un caballito de mar. Algo parecido ocurre con el yelmo y el mantelete, mucho más dinámicos e interesantes en la versión previa.

Capítulo aparte merece la nueva tipografía, una elección del todo desacertada precisamente porque presenta el mismo problema que su predecesora: está anclada a una época muy concreta de la historia que tampoco es la actual. Una letra amable y robusta, sí, pero ubicada claramente en el art déco de principios del siglo XX y con unos detalles con demasiada personalidad –esa desproporción entre las contraformas de la R y la E– que harán que se vea pasada de moda en poco tiempo, si es que no lo está todavía. Que sí, que se llama Neutraface, pero es por el apellido de la persona que inspiró su diseño. No es precisamente una letra aséptica ni atemporal, que habría sido lo más acertado si pretendemos que dure otros 30 años.

Como siempre, habrá que esperar a ver el desarrollo de marca completo, con sus manuales y aplicaciones, para poder acabar de valorar si funciona bien en conjunto.

En definitiva, la nueva imagen de la Generalitat Valenciana no supera la contundencia de su predecesora y se queda en un tibio medio camino entre lo retro y las tendencias gráficas actuales.

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