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Los próximos Juegos Panamericanos desvelan su imagen gráfica, escogida por concurso

02/06/15
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Si hace unos días nos hacíamos eco del despropósito llevado a cabo por Honduras para construir su marca país a través de un concurso público, hoy volvemos a encontrarnos con un caso igualmente condenable, tanto por la gestión como por el resultado. Se trata de la marca de los Juegos Panamericanos, el tercer evento deportivo más importante del mundo, cuya próxima edición se celebrará en Lima, capital de Perú, en 2019.

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Antes que nada, expondré brevemente de las condiciones del concurso:

El comité organizador convocó este certamen hace un año, con el objetivo de diseñar el nuevo emblema que representaría al evento. La propuesta también debía incluir los 28 pictogramas para las disciplinas deportivas y la propuesta para el afiche oficial. El concurso tuvo una duración de 50 días y podía participar todo peruano de más de 16 años. Según las bases el jurado estuvo conformado por dos representantes del Comité Olímpico Peruano, dos representantes del Comité Organizador, un representante del Ministerio de Educación, uno del Instituto Peruano del Deporte y un representante de PromPerú. El premio: 10.000 soles peruanos (unos 3000 euros).

Los ganadores fueron los diseñadores Diego Sanz Salas y Jorge Zárate Magaño.

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Antes (logo provisional)

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Después (logo definitivo)

En el blog Diseño Perú podemos encontrar una extensa justificación sobre el proyecto, realizada por el propio autor Diego Sanz. Según nos cuenta, el diseño se inspira en la flor de Amancaes, una especie muy representada en el arte peruano y muy presente en poemas y canciones populares.

Del centro de la flor salen tres cintas que se identifican con tres deportistas, que a la vez pretenden representan a las tres Américas (Norte, Centro y Sur). Según los autores, “los elementos que representan sus cabezas tienen forma trapezoidal para asociarlos con el perfil de las huacas presentes en la ciudad”.

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Con la misma idea de las cintas se trabajó la tipografía para Lima 2019. Son cintas con movimiento que toman la forma de las letras y números.

También se nos ofrece una justificación de los colores elegidos: “el amarillo, representa vida; verde por la naturaleza; violeta por la devoción, rojo por la pasión y el celeste por el mar”.
Si seguimos leyendo encontramos otras perlas como que “la composición está dentro de una estructura de círculos concéntricos que usan la proporción áurea”.

Para el descriptor del evento se usó la tipografía de Google Fonts Exo 2.0.

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Para los 28 pictogramas se utiliza la flor como la base para contener a las siluetas representándolas con las cintas del emblema.

A partir de esta idea, se ha desarrollado un universo visual basada en formas de flores, cintas y la paleta de colores junto con los pictogramas y fotografías con tema deportivo.

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La culpa de este resultado no es de los autores del diseño.  Cualquier persona es libre de hacer un mal trabajo y de presentarlo a un concurso mal gestionado, sin ser consciente de que eso, a la larga, devalúa su profesión.

Los verdaderos culpables son los organizadores del concurso.
El comité organizador decidió que el presupuesto destinado a la marca gráfica del evento (3000 euros) sería de mucho más provecho si se convocaba un concurso, ya que daría publicidad gratuita al evento, aunque ello significase hacer trabajar a muchísima gente sin remuneración alguna. La moneda de cambio: una falsa promesa de fama que en realidad sólo se llevará uno.

No entraré a valorar si 3000 euros son suficientes para cubrir el trabajo que se exigía, pero estoy convencido de que por esa cantidad muchos estudios de gran calidad hubieran presentado propuestas a medida mucho más profesionales.

En cualquier caso, nunca entenderé por qué el premio de un concurso es igual o menor que el de un encargo profesional. Si voy a participar de manera gratuita y abusiva, ¿no debería ser el premio excepcionalmente gratificante?

Por otro lado, el comité decidió abrir la convocatoria a todo tipo de perfiles, sean o no profesionales, mandando un mensaje claro: el diseño no tiene ningún valor profesional. De nada sirven las escuelas y universidades de arte y diseño, ya que lo importante son las buenas ideas. ¿Tiene sentido entonces que Perú ofrezca formación en diseño?

Por último, se convoca a un jurado inexperto, que nada tiene que ver con el branding, el marketing o el diseño. ¿Cómo se supone que se va a evaluar una propuesta de marca desde el desconocimiento más absoluto de la profesión? Está claro, sólo importa lo que es bonito para el pueblo. Los diseñadores poco tienen que decir.

Con la cantidad de estudios y consultoras potentísimas que hay en Perú, me parece indignante que el torneo deportivo más importante de su historia vaya a estar representado por un trabajo digno de cualquier aficionado al Illustrator.

Se pone aquí de manifiesto la necesidad de un cambio de mentalidad, pero no sólo de organizaciones a la hora de lanzar concursos sino también de los propios diseñadores, que deben entender lo contraproducente que resulta alimentar este tipo de prácticas. Si tú mismo no valoras tu trabajo y estás dispuesto a hacerlo gratis,  te aseguro que los demás tampoco lo harán.

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