Rítmia y su musicoterapia presentan una nueva identidad corporativa

Confesé hace unos artículos que calmaba mi respeto a los vuelos con música clásica, de la alegre. Un recurso que aprendí de casualidad, cuando queriendo distraerme de los nervios acabé escuchando alguna pieza de música clásica de las que tenía en el Ipod y que aunque ahora no recuerdo el título ni nada, funcionó. ¿Auto-musicoterapia?

Una buena pregunta para Celia Castillo, musicoterapeuta y educadora social, que bajo la marca de Rítmia se dedica a la búsqueda del bienestar de sus clientes y a tratar problemas a través del sentido del oído. “Dinámicas con ritmo” se lee en alguna aplicación, un buena manera de explicar someramente, y a fin de entendernos, lo que Rítmia ofrece.

Ritmo es lo que ha dirigido el trabajo de Atipus (www.atipus.com) para dar forma a una marca tan sugerente. En una de esas conjunciones perfectas cliente-diseñador que suena a buena melodía, surgen piezas de buen gusto que hacen grande al cliente por su valentía y al diseñador por su exquisitez.

Leo en la reseña que dedica Gràffica.info al trabajo que la identidad se basa en los ejercicios rítmicos utilizados en las sesiones de la terapeuta para provocar distintos estados de ánimo en el paciente. De tal modo que a partir de varias frecuencias de ritmo en forma de líneas, Atypus genera un juego de texturas que protagonizan e iluminan la identidad en sus distintas aplicaciones y son el contrapeso perfecto del logotipo y los textos que aparecen.

El logotipo parte de una Avant Garde que ha sido intervenida para suavizar su forma. Una elección atinada por la coherencia geométrica que logra con las texturas y a la que sin embargo le pongo un pero, la R. Se podría haber aprovechado la cirugía tipográfica para hacer un R menos Avant Garde.
La tipografía secundaria, para el claim y los datos, es una Caslon que busca apoyar una jerarquía en el conjunto clara y resultona.

Para potenciar la representación de los estados de ánimo y su variabilidad en las texturas, se aplica una gama de colores primarios y que combinados van matizando y realzando el movimiento.

Mezclado todo esto obtenemos unas piezas muy vistosas que, aunque pocas, hacen de la identidad un todo sólido, a la altura de los tiempos pero sin vicios tendenciosos. No hace falta mucho alarde de aplicaciones para producir un trabajo que llame la atención y sea merecedor de alabanzas viscerales.

Tralarí, tralará.

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