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El festival culinario del Harlem se estrena con una identidad dinámica y modular

23/06/15
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El festival neoyorkino Harlem EatUp! es una celebración del conocido barrio de Harlem y de las múltiples influencias culturales que traen sus vecinos hispanos y afroamericanos. El festival consiste en celebrar y dar a conocer su diversidad y riqueza culinaria, sus iniciativas artísticas y musicales y sus diferentes actividades sociales.

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Harlem EatUp! está producido por Marcus Samuelsson Group en colaboración con Karlitz & Company. La cagencia de diseño y branding Original Champions of Design, ODC, desarrolló su identidad visual de este evento y se unió al reto de “capturar el renacimiento que está viviendo Harlem hoy en día”. Porque este barrio, con etapas de su historia oscuras y sórdidas, está viviendo un segundo renacimiento, una auténtica primavera. Si durante los años veinte del siglo pasado, con la llegada al vecindario de Ella Fitzgerald, Duke Ellington y Louis Armstrong, Harlem vivió su primer renacimiento y se convirtió en el refugio de los ritmos negros y de la gastronomía sureña, ahora es un paseo obligado para los turistas, el paraíso del Gospel y el ejemplo de que la diversidad no sólo puede convivir, si no también ser un auténtico motor creativo.

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La identidad de Harlem EatUp! es modular y crece hace arriba como un gesto de entusiasmo, celebración y alegría. No tiene un único color porque, según OCD, “un vecindario no es sólo una cosa, es una comunidad en la que las diferencias conviven unidas” y por eso, su paleta de color es amplia y de tonos vivos. Además, gráficamente hace una clara alusión a la música y en concreto, al jazz, a su improvisación. Una pieza de jazz es una composición variable que no se toca de la misma manera dos veces, pero que siempre suena bien. Igualmente, en la identidad de Harlem EatUp! aparecen y desaparecen módulos y la composición siempre es adecuada.

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La música y la gastronomía tienen presencia en la identidad con iconos –notas musicales, un tenedor y una cuchara–. Estos iconos ayudan identificar las principales actividades del festival: degustaciones culinarias de chefs locales y nacionales y conciertos de todo tipo de músicas y ritmos. Y, junto con los iconos, se encaja una tipografía grotesca ligeramente redondeada y también modular. Cada letra e icono se adapta, como si fueran cajas, a la estructura del logotipo.

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Y toda la gráfica se completa con el baseline A Celebration of Food, Culture and Spirit que se traduce como Una celebración de comida, cultura y alma. En este caso se usa una egipcia moderna para un enunciado descriptivo que explica el principal motivo del evento: comunicar a través de estos temas la vitalidad de este barrio multicultural, su renacimiento, la simpatía que despierta y cómo quedan atrás sus años opacos.

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Frente a otro tipo de proyectos de identidad y especialmente, frente a grandes proyectos corporativos, la marca de un festival puede permitirse no ser convencional. Su universo gráfico tiene que ser dinámico, llamativo y vivo porque su misión es atraer público y tener repercusión mediática. Por eso, se pueden romper ciertas normas y hacer algunas concesiones. Y así ocurre con Harlem EatUp! Su dinamismo es propio del universo online, la paleta de color es amplia, los iconos quedan incluidos y el juego de módulos la convierten en una identidad divertida y activa. Pero, ¿qué gran empresa se atrevería a hacer una identidad con todos estos elementos? Probablemente no muchas corporaciones se sientan identificadas con este tipo de universos visuales y tampoco sus públicos. Los valores de muchas empresas implican estabilidad, sobriedad, solidez o seriedad. Y estos conceptos se oponen al movimiento espontáneo y al juego de Harlem EatUp!

Esta identidad es un buen ejemplo de que existen ciertos códigos predeterminados. Y es fundamental saber cuándo se pueden romper las normas o cuándo se puede apostar por lo diferente. Pero siempre y ante todo, es importante que una marca represente al cliente e identifique qué hace, cómo lo hace y para quién lo hace. Sin duda, Harlem EatUp! lo consigue porque ¿quién no se anima a vivir este festival? La diversión está asegurada y la inmersión en diferentes culturas también. Y todo, en pleno centro neoyorkino.

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