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Banco Pichincha, el mayor banco de Ecuador, renueva su imagen con la ayuda de Erretres

Imagen de jpalau
20/06/18
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Pichincha significa “dos volcanes”. Se trata del nombre prehispánico de un volcán activo del norte de Ecuador en cuyas faldas tuvo lugar la sangrienta batalla que, en 1822, fue clave para determinar la independencia del país. En su honor también fue nombrado el macizo andino que lo rodea y la provincia, cuya capital es Quito.

La provincia –una de las 24 que configuran el país– es el mayor centro administrativo, económico, financiero y comercial del país. También es sede de organismos de gobierno y bancos, así que no es extraño que, en 1906, los fundadores de una naciente financiera optaran por nombrarla Banco del Pichincha. Eligieron tempranamente un identificador circular, a modo de moneda, con sus dos iniciales entrelazadas, y prácticamente no lo habían tocado en más de un siglo.

Antes

Después 

Hoy son el mayor banco privado de Ecuador; tienen un millón y medio de clientes, más de 1500 millones de dólares en su portafolio de préstamos, y unas 200 sucursales en el país. En años recientes han buscado integrar –en un solo grupo latinoamericano de capital ecuatoriano– sus bancos en Ecuador, Colombia, Perú, España y EE.UU. Curiosamente, sus delegaciones colombianas y peruanas tenían por símbolo la letra fi del alfabeto griego (Φ), e incluso distintas gamas de color.

Con estos antecedentes, es acertado que el banco entrara en un proceso de crecimiento y modernización sin perder “la vocación de servicio, la confianza de sus clientes y la experiencia adquirida en 112 años”.  Además de una mayor consistencia, buscan “el aporte de la experiencia a un segmento joven de nuevos clientes”.

La renovación del lado identitario ha estado a cargo de la madrileña Erretres que ha dejado de lado los símbolos históricos para crear una marca totalmente nueva. Han mantenido únicamente el distintivo color amarillo pero sustituido el negro por un azul que lo acerca un poco más a los colores de la bandera ecuatoriana. Si bien son tonos compartidos con Colombia y Venezuela, están cargados de un evidente significado local.

Preside la nueva identidad un escudo cuadrangular con una esquina redondeada; representa al banco protector. En el interior aparece la punta de un flecha; representa al cliente y su impulso. Es un concepto simple, de fácil recordación e ideal para entornos digitales de reducciones comprometedoras.

No tan sencillo es el lenguaje visual que han construido a partir del símbolo. Por un lado, han creado acertadamente un abanico de iconos que recuperan la presencia de la saeta en su esquina superior derecha. Lamentablemente no los vemos incorporados en la señalética sino sustituidos por unos alternativos.

Al escudo lo acompaña el nombre del banco en una tipografía que, a falta de mayor carácter, ha sido adaptada para incorporar en sus trazos algunas curvas que resuenan con el símbolo. Es difícil entender por qué unos palos de las letras han sido intervenidos y otros no. Hubiéramos preferido que siguieran el patrón del escudo, si bien no es algo determinante pues, son tan sutiles, que tienden a desaparecer, en especial en versiones reducidas.

Adicionalmente han incorporado un sistema reticular romboidal y rectilíneo que contradice un poco la presencia de los bordes redondeados y acogedores del logo. Además, con la premisa de adaptarlo con facilidad a los distintos formatos, la retícula se estira o encoge, perdiendo el giro de 45º y la referencia con la base cuadrangular, esencia del escudo. La retícula permite dibujar dos triángulos enfrentados que, según Erretres, emulan la interacción banco-cliente: una mirada sincera y de confianza. Eso sí requiere de mucha mayor imaginación por parte de los públicos.

Finalmente han definido una tipografía que también busca reflejar la base cuadrangular redondeada: Prelo, creada por el portugués Dino dos Santos. Tiene una interesante variante egipcia (slab) cuyos robustos patines hacen un adecuado guiño a la flecha del escudo.

Si bien se trata de una identidad de fuerte carácter –especialmente por el color y el símbolo– hay dos aspectos que nos han llamado la atención en relación al sector. El primero es la evidente proximidad con dos reconocidas identidades ecuatorianas: el Banco del Pacífico, diseñada en 1972 por Peter Musfeldt; y también con Mutualista Pichincha, con quien comparte no solo el nombre sino también un cuadrado con una flecha, esta vez emulando inteligentemente la silueta del volcán. El segundo aspecto es el lenguaje de los triángulos frente a frente, sumamente parecido al de HSBC, el banco británico de escala mundial y evidente presencia en la región.

No dejan de ser un par de piedras en el camino que hubiéramos preferido ver bien asfaltado para un banco que inaugura una nueva etapa en su historia. Sobre todo porque está orientada a “entender e impulsar las nuevas realidades, mostrando respeto y reconocimiento por quienes cambian y aportan cotidianamente a los cuatro países y a la región”. Les deseamos un trayecto exitoso, ojalá de otro centenar de años, protegiendo e impulsando el desarrollo y la prosperidad de las personas.

 

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